Cuando hablo con personas que no han estudiado psicología muchas veces me dicen que esta es para locos, que nos encargamos de trabajar con enfermos mentales, con ancianos con demencia, con niños con hiperactividad o mala conducta… y en parte es verdad, pero los psicólogos también trabajamos en otros muchos supuestos. Dejando a un lado las otras muchas especialidades que tiene la psicología (educativa, laboral, deportiva, de emergencias…), los psicólogos clínicos y sanitarios se encargan en mayor o menor medida de la salud mental de las personas que acuden a la consulta (ahí ya habría que meterse en formación académica y legislación que haría el post demasiado largo), aunque para esto quizá habría que plantearse primero qué significa salud para entender todo un poco mejor.
La organización mundial de la salud entiende SALUD como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”, lo que coloca el campo de acción de la psicología en un marco mucho más amplio.Esta disciplina no sólo se centra en el tratamiento de las enfermedades mentales, sino también en el malestar y sufrimiento que podemos experimentar en el día a día las personas que nos consideraríamos “sanas”, y aunque es normal sentir malestar en ciertos momentos de nuestra vida, ya que es imposible estar el 100% del tiempo contentos y felices, este malestar puede convertirse en un problema si aparece sufrimiento y este nos impide hacer las actividades de la vida diaria con normalidad en alguno de los campos más importantes, como es la vida familiar y social, la académica o laboral o incluso el ocio. Es en ese momento cuando hay que plantearse pedir algún tipo de ayuda, aunque no sepamos describir lo que nos ocurre.Si siempre hemos sido personas extrovertidas, con grupos de amigos con los que socializar y de repente no queremos salir de la cama y ver a nuestros amigos se hace un mundo, tenemos que plantearnos si lo que nos ocurre es habitual y si nos sentimos como antes. Si las respuestas a esto es que no, que lo que nos ocurre no es habitual y no nos sentimos como antes ni mucho menos bien, quizá haya llegado el momento de plantearnos pedir ayuda, y aquí es donde entra en juego la psicología.Igual que cuando nos rompemos una pierna vamos al médico porque son ellos los que saben cómo arreglarla e incluso evitar que nos queden secuelas, cuando lo que nos hace sentir mal es la mente, nuestros pensamientos o nuestras conductas, hay otros profesionales que podemos ayudar. 

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