Cuando vamos al médico, no nos solemos plantear el enfoque que tiene el profesional que tenemos delante. Entendemos que se ha formado académicamente y que va a hacer todo lo posible para conseguir nuestro bienestar. En el caso de la psicología ocurre algo igual, si bien nos encontramos con matices que hay que tener en cuenta.La psicología enfocada en la salud busca el bienestar de los pacientes que acuden a consulta, ya sea porque están aquejados de una enfermedad mental, buscan superar algún acontecimiento de su vida o mejorar algún aspecto de su conducta.Aunque este es el objetivo principal, las maneras de conseguirlo serán muy diferentes según la orientación que tenga el psicólogo que vaya a tratarnos. Existen multitud de orientaciones, algunas con más antigüedad y respaldo científico y otras más novedosas y por lo tanto mucho menos respaldadas, aunque no por ello menos prometedoras. Dependiendo del problema por el que vayamos al psicólogo y de nuestra forma de ser, encajaremos mucho mejor con un tipo de terapia o con otra. La terapia sistémica, por ejemplo, funciona muy bien con casos en los que hay adolescentes, problemas del vínculo e incluso situaciones de emergencia. La terapia cognitivo conductual es la que tiene mayor desarrollo temporal, y es la más respaldada por las instituciones, quizá por ser la terapia más fácil de replicar científicamente. A pesar de este respaldo institucional, hay otras terapias que cada vez van cogiendo más y más fuerza en ciertos campos terapéuticos, con lo que elegir una u otra, además de por la efectividad y la eficacia, debe también estar influida por lo que cada persona necesita. Hay terapias que tienen un trabajo mucho más verbal, otro mucho más creativo y artístico, y otras en las que el terapeuta interviene mucho y el paciente tiene un rol mucho más pasivo.Además de los tipos de intervención, también hay que tener en cuenta el enfoque de la terapia. Hay veces que convienen las terapias en grupo, y otras las individuales, mientras que las familiares pueden ser útiles en otro tipo de intervenciones. Todos estos tipos de trabajo conviene tenerlos en cuenta, si bien el psicólogo que elijamos nos debería explicar por qué elige un enfoque u otro, así como el número de personas que deberán asistir a cada sesión, e incluso el número de sesiones que inicialmente se prevén. 
Algo a recordar y que no cambia sea cual sea la orientación del psicólogo, es la importancia de la confianza con el terapeuta que elijamos para recibir ayuda, pudiendo expresar nuestras preocupaciones, nuestros desacuerdos o miedos. También es importante poder decirle que algún ejercicio no nos gusta, nos hace sentir incómodos o si no estamos preparados para realizarlo, y en ese momento el psicólogo deberá valorar la importancia de la situación planteada, exponérnosla y entre ambos llegar a un acuerdo.

Y ahora… ¿Cuál es mi orientación?

Como supongo que es fácil de intuir, mi formación se basa en la terapia familiar sistémica. Esta orientación se basa en la idea de que nuestros comportamientos y conductas se ven influidos por las diferentes familias y grupos a los que pertenecemos, a los que llaman sistemas. El sistema más importante es la familia de origen, esa que nos cuida desde que nacemos hasta que nos independizamos y que crea un marco de referencia para nuestras relaciones futuras, sean de amistad como de familia. Con esta idea en mente, los terapeutas sistémicos trabajamos con el núcleo familiar, identificando la sintomatología que provoca que alguien venga a consulta como un problema de todo el sistema y no sólo de una persona (porque cuántas veces hemos oído que tal familiar tiene que ir a terapia, sin plantearnos siquiera si esa sintomatología puede estar incluida por la relación que tiene con otro familiar, incluso con nosotros mismos). Desde ese punto de partida trabajamos las relaciones familiares, intentando conocer cómo se relacionan entre ellos, qué patrones disfuncionales pueden estar apareciendo y dañando a algún miembro de la familia, e incluso qué aspectos hemos aprendido de nuestra familia de origen y estamos repitiendo en la nueva familia sin saberlo, llegando a repetir conductas que no queríamos repetir pero que no sabemos hacer de otra manera.

¿En qué campos intervengo?

Como terapeuta familiar podría trabajar en cualquier campo de la salud mental, ya que existen diferentes modelos de terapia dentro de esta corriente que trabajan las diferentes patologías desde este tipo de enfoque. Sin embargo, mi formación académica y mi experiencia hacen que me incline más hacia el trabajo con menores de edad y sus familias, situaciones traumáticas, crisis y emergencias. En estos contextos la intervención sistémica es muy útil, ya que la respuesta habitual ante una emergencia o crisis es la de reunirnos con las personas que nos transmiten seguridad y calma, que suelen ser nuestros familiares más cercanos.Mi experiencia profesional me ha llevado a realizar intervenciones con menores víctimas de abuso sexual, situaciones de emergencia y crisis familiares, adolescentes y jóvenes adultos con consumo de sustancias tóxicas, e incluso con casos de violencia de género. Todos estos casos tienen en común la tipología de síntomas que muestran, que suelen estar relacionados con haber experimentado situaciones potencialmente traumáticas.

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